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  • Psicóloga Cecilia Fragoso

EL MERCADO DE LA FELICIDAD Y LA CERTIDUMBRE DEL DOLOR

Actualizado: 3 de oct de 2019

Desde pequeños se nos repite hasta el cansancio que venimos a ser felices, el mercado nos brinda abundantes comerciales de sonrisas, familias completas, desayunos en los que están presentes todos los miembros de la familia, bromean y se divierten; el cine y la televisión están llenas de historias que culminan con un beso y uno intuye que la palabra FIN lleva implícita la frase “y fueron felices para siempre jamás”.

Por otro lado se nos enseña a escapar del dolor, a evitar las experiencias aversivas y se nos muestra que un analgésico, el nuevo iPhone, tener una pareja pueden conducirnos a ese ideal.

Es más, recientemente ha surgido en la Psicología un área llamada Psicología Positiva que pone énfasis en los aspectos buenos de la existencia. ¿Pero ser feliz siempre es una aspiración plausible?

X tiene 40 años, descubrió que el resto de su vida debe vivir con dolor crónico, hace cuatro años su cuerpo empezó a atacarse a sí mismo. Con tanto énfasis nos enseñan a luchar contra lo que no nos gustan que a menudo los pacientes experimentan la enfermedad como una pérdida continua: lo que ya no puede hacerse, lo que ya no se puede consumir, los hábitos que se van perdiendo, la gente que no tiene el ritmo que ellos, los amigos y el entorno laboral que se vuelve más lejano. Sin embargo el dolor puede ser algo más. Ya sea físico o emocional (que también es físico, pero no lo discutiré ahora), el dolor nos muestra que algo no funciona del todo bien, que hay algo que tenemos que cambiar.

El dolor puede enseñarnos algo. Muchos pacientes acuden a terapia con una falsa idea de las cosas: “Ayúdeme por favor a ya no sentir dolor”. “Quiero alejarme de mi pareja, pero sin sentir dolor”.

Hay algo paradójico en el tema. Ningún psicólogo puede ayudarte a no sentir dolor sin ayudarte a sentirlo. Ahora mismo imagino tu rostro cuando escuchas esto.

“¡Quéeee! ¡Pero cómo se atreve, yo he venido aquí a no sentir dolor!”

Lo primero que hay que entender es que el dolor es una condición de la vida, todos la atravesaremos al igual que la enfermedad y la muerte. No es una elección. Pero sí lo es el cómo atravesamos este momento. Es más, es posible aprender a crecer a partir del dolor, entonces ya no será un monstruo que te aplaste sino un acompañante que camine a tu lado, al que puedas mirar de frente sin sacarle la vuelta.

La terapia conductual puede ayudarte a hacerte cargo de los pensamientos que obstruyen la forma en que vives el dolor. ¿Vives recordando las escenas dolorosas del pasado, las alimentas, construyes historias que te hacen sufrir? ¿Te humillas, te avergüenzas y te dañas con las cosas que te dices a ti mismo? La terapia conductual no construye ficciones sino que te ayuda a enfrentar lo que te asusta; es una forma particular de la psicología que pone énfasis en emplear las herramientas efectivas reportadas por la Ciencia de la Conducta, te enseña qué pensamientos fortalecen el sufrimiento y qué tipo de pensamientos sirven para hacerles frente.

De hecho, descubrirás que cuando intentas librarte del dolor, la ansiedad, la depresión, eso te ancla a ellas. Aceptar es parte de la lucha.

No me entiendas mal, en ningún momento quiero decir que como los seres humanos viviremos el dolor, debemos vivir agobiados cargándolo como si fuera una cruz. Aceptar no es abrazar tu dolor, no significa acunarlo ni mecerlo, tampoco mimarlo y servirle la mesa. Eso no es lo que quiero decir. Digo que, ante aquellas cosas que no controlamos, la terapia conductual te brinda el conocimiento y la llave de lo que sí puedes controlar.




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